Como dicen los autores, un libro para niños, jóvenes y mayores, un libro que intenta aumentar la cultura científica de quien lo lee, y lo consigue sobradamente, se sea profano o no en la materia.
El libro enseña algo mucho más importante que la historia de la ciencia, el cómo y el porqué de las cosas o las dificultades y los méritos de antiguos científicos de renombre; este libro empapa de pensamiento científico, algo que, por desgracia, desconocen la mayoría de científicos.
Para "los de letras" (lo sé, es una división odiosa) este libro resultará interesante, descubridor, algo así como una visita al museo de la ciencia. En cambio, para "los de ciencias" será revelador, mostrará todo eso que no se sabe respecto de lo que sí se sabe y, sobre todo, enseñará (perdón por la insistencia) que el pensamiento científico está lejos del trabajo metódico al que estamos acostumbrados.
No hay nada comparable al gozo del saber científico, porque con él podemos conocer el universo, el mundo que nos rodea, la vida y a nosotros mismos. Y, sin embargo, nos disuade de ese conocimiento una prevención injustificada: solemos creer que es difícil y, quizá, prescindible. Eso es un trágico error. Primero, porque deja a los ignorantes indefensos ante la naturaleza y sus manifestaciones cotidianas; después, porque pierden irremisiblemente una fuente inagotable de placer intelectual.
Libro imprescindible, merece la pena pagar su elevado precio.
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